Señores/as, hemos tardado un montón en volver a escribir, pero no ha sido culpa nuestra, problemas logísticos y técnicos no nos han permitido escribir antes, así que preparense y cojan asiento cómodo que les viene una buena retahila de historias y vivencias de estas últimas semanas... Parece mentira pero esto ya se acaba, se cierra una etapa del viaje, el voluntariado. Ha sido una experiencia difícil de explicar por palabras, cuando pienso en lo vivido, se me viene un batiburrillo de sensaciones y emociones a la cabeza y corazón. Como ya he dicho en otras ocasiones, es triste tener que venir a estos lugares para darse cuenta de la suerte que uno tiene en la vida y lo poco conscientes que somos de ello. Aquí se viven situaciones realmente duras y aunque sea “repetidora” en este tipo de experiencias, y sepa a donde vengo y que realidad es la que me voy a encontrar, la verdad es que hay momentos duros, crueles y difíciles de digerir. Algo que aún me cuesta, es ver tanto contraste, de manera que puedo estar en una casa estupenda, con todas las comodidades que podría ser la envidia de cualquiera, en una urbanización privada y llamar a un taxi y en 20 minutos encontrarme en la más profunda miseria, donde los niños están medios desnudos, sucios, descalzos y caminando sobre calles de barro, mierda, ratas…. Y donde viven 13 personas en una choza, el padre, la madre, los 8 hijos, los dos nietos y el nuero, y donde se hace vida, se tienen relaciones sexuales, peleas… y todo lo que una convivencia pueda traer delante de todos, viviendo entre 4 parades, o entre 4 chapas de madera o metal. Entiendo que los que pertenecen a ese pequeño porcentaje de gente que vive bien, fuera de la pobreza, convive día a día con estas situaciones y están acostumbrados, y es la realidad que les ha tocado vivir, a 20 minutos de casa tienen estas situaciones, y bajando al portal se encuentran a la “cholita” (indígena) de turno, vendiendo comida, ropa, chucherias… con su hijo sentadito a su lado o arrullado en el aguayo sobre su espalda o la calle. Supongo que nacer viendo eso, te crea un escudo para poder vivir la vida que afortunadamente te tocó, y que sin él no se podría. Yo aún no tengo ese caparazón, y esos contrastes me cuestan. Por qué unos vivimos tan bien y otros tan mal? Me indigna tanta injusticia, y lo peor de todo, morirán mis nietos y estas situaciones seguirán igual.
Venir aquí de voluntariado no cambia nada, o no al menos de manera global. Supongo que son las sonrisas, los agradecimientos individuales de la gente con la que he tratado, los que hacen que este viaje tenga sentido y los que hacen que me apene que se acabe, y que quiera repetirla. Sin duda es una experiencia enriquecedora en todos los sentidos y aunque suene egoísta, estoy segura de que me llevo mucho más de lo que doy, o al menos así lo siento yo.
Se acabó una etapa, pero se abre otra nueva y la afrontamos también con muchísimas ganas e ilusión, aunque ya durante el mes de voluntariado nos dimos alguna escapadita los fines de semana, es ahora cuando empieza la parte aventurera.
El viernes día 5 dejamos el Plan 3000, después de muchas despedidas y agradecimientos por ambas partes, realmente en el hospital nos hicieron sentir como en casa, nos cuidaron mucho y en el ambiente laboral trabajamos muy agusto también, así que como era de esperar, las despedidas fueron tristes, pero con una sonrisa en la cara y todo el mundo preguntando que cuando volveríamos… más de uno miraba a Ale, sabían que después del Boro (gusanos) no le iban a quedar muchas ganas de volver, jejeje. Aunque aún así no se descarta en un futuro.
A las 8am salía nuestro avión hacia Sucre, una ciudad preciosa, mucho más limpia, ordenada y bonita de lo que Santa Cruz nos tenía acostumbrados. Es una ciudad muy colonial, con muchas casas y edificios blancos, y sus balcones característicos. Hay que decir, que la ciudad está cerca de los 3000m de altura, y que por esta razón la llegada fue un tanto difícil, tras dejar nuestras maletas en el hostal elegido (muy mono la verdad) y recorrer el centro, la plaza, la iglesia y las calles aledañas, comenzó a darme el soroche (mal de altura) el dolor de cabeza fue “increchendo” con las horas, aún así no paramos la pata en todo el día. Visitamos un centro considerado patrimonio de la humanidad, por albergar huellas de pisadas de distintos dinosaurios, realmente curioso. También nos aconsejaron que visitáramos el cementerio, si, el cementerio, no parece muy atractivo verdad? Pero allá que fuimos y la verdad que tenían razón, aquello más que un cementerio parecían los jardines municipales, una preciosidad, super bien cuidado, y lleno de mausoleos de antiguos presidentes de la república y demás gente del alto standing boliviano. Un chico de 17 años nos hizo un recorrido por 25 bolivianos explicándonos las tumbas y los lugares de interés, el tipo llevaba 4 años trabajando de eso, y se notaba que se tenía la historia del país muy bien estudiada. Al salir del cementerio yo ya estaba más que “asorochada”, el malestar general crecía por momentos y el cansancio también, así que nos fuimos a cenar a un local por el centro y pronto al hostal, porque yo ya estaba con nauseas, deseando acostarme. La verdad que Ale lo llevo mucho mejor, su malestar no pasó de leve dolor de cabeza y cansancio.
Amaneció al día siguiente, y yo estaba como una rosa de fresca! Que gusto, sin dolor de cabeza, ni nauseas ni nada… de todas formas, nos tomamos el “sorochipil” la medicación para el mal de altura, que ya se sabe que más vale prevenir que curar y nos esperaba un duro día por delante.
Esa mañana, sábado día 6, salimos hacia Potosí en “trufi” una especie de furgoneta que pagas 30 bolivianos y sale cuando se llene, la verdad que en 20 minutos estábamos en carretera, el viaje duró unas 3 horas y media, pero pasaron rápidas. Teníamos horas para visitar Potosí así que la verdad que fue un día a contra reloj, por la noche salía nuestra flota ( la guagua) hacia Uyuni y había que darse prisa. Potosí hoy por hoy es una ciudad fea y pobre, aunque he de decir que en su momento fue la ciudad más rica de Bolivia, está a 4000m de altura (es la ciudad más alta del mundo junto con La Paz y una de la India) La razón de su riqueza son las minas de plata, oro y cobre que hay en la zona, que en su momento fueron muy importantes para el país. No podíamos irnos de la ciudad sin hacer una visita a las minas, así que paya que fuimos! Contratamos una excursión con un guía que era exminero y conocía a la perfección las minas y el trabajo allí. La visita fue interesantísima, como no, nos pusieron nuestro “pseudoatuendo” minero. Casco, linterna, traje, botas y como no un buen puñado de hoja de coca para ir mascando… sino no hay quien aguante la caminata a esa altura. Subimos a unos 4.400m y recorrimos 3 km por el interior de la mina, estuvimos cerca de 2 horas pateando. Nos cruzamos con mineros reales que llevaban más de 10 horas metidos en la mina, salían cargados con sacos y sacos en unas especies de carretillas o a la espalda, realmente impresionante. Trabajan con muy poca seguridad y hay accidentes casi diariamente, lo peor de todo es que trabajan niños de hasta 12 años allí, nosotros estuvimos de visita y el mero recorrido ya me pareció duro, difícil en algunos tramos, peligroso en otros… me deje los riñones, más de medio camino lo hicimos agachados, el túnel tenía tramos muy estrechos y bajitos… si yo salí cansada y a ratos agobiada por estar allí dentro a oscuras, oliendo a tierra y gases… no me quiero ni imaginar que será trabajar ahí diariamente. Siempre se ha escuchado que la vida del minero es dura, y si señor, cierto es. Tan dura, que nos contaban, y vimos con nuestros ojos, como tenían una zona de “descanso” donde estaba el “ Tío Benito” una especie de muñeco hecho con arcilla a tamaño real, que se asemejaba al diablo , al cual adoraban y tenían como protector en la mina… pues a los pies del Tío, había restos de cervezas, y demás bebidas, entre ellas alcohol de 96º, si de ese que venden en las farmacias, que es con lo que se emborrachan los mineros, cuando terminan la jornada, o los días que no trabajan, según nos explicaba el guía es la manera que tienen de divertirse y salir de esa mierda de vida que llevan. Salí de allí impresionada con lo duro que debe ser dedicarse a eso, y una se queja de las guardias de 12 horas del hospital…
A la salida de la mina
Se me olvidaba, cuando íbamos de camino a las minas, paramos en una calle a comprarle a los mineros en una tiendita, refrescos y hojas de coca para darles durante la visita, cual fue nuestra sorpresa, que mientras comprábamos, empezamos a escuchar gritos y jaleo… resultó que se había prendido fuego en una casa de 3 pisos, y había 2 niñas dentro, corriendo agarré a Ale, se le veía en la cara las ganas de acercarse y ayudar, pero sin el traje de intervención ni hablar!! La gente corría con baldes de agua, unos hombre se mojaban e intentaban entrar, pero el fuego salía por las ventanas, imposible! Ustedes vieron a los bomberos?¿? nosotros tampoco, por lo visto sólo hay un camión en el pueblo y el bombero igual está, que igual no… y el camión igual tiene agua, que igual no… y mientras tanto las niñas asomadas en la ventana llenas de humo, la verdad que la situación era complicada y yo tenía el corazón en la garganta. La gente gritaba, y la situación se ponía cada vez más fea, cuando me doy cuenta que unos señores llevaban un Aguayo (esas telas típicas, grandes, de colores) a modo de cama elástica para que las niñas saltaran desde el segundo piso, cuando le señalé a ale lo que pretendían hacer, se echó las manos a la cabeza y salió corriendo a ayudarles… por suerte, las niñas saltaron, y la tela no se rompió, sobrevivieron. Lo que si se rompió fue el tendido eléctrico que estaba frente al edificio (imagínense un puruño de cables que atraviesan la calle de lado a lado sin orden ni concierto), empezaron a saltar chispas y yo a gritar a ale que saliera de allí…. Ya se me salía el corazón por la boca. Gracias a dios no hubo que lamentar víctimas y retomamos nuestra excursión hacia la mina, aunque se pueden imaginar, con un sabor un tanto agridulce.
Después de la mina tocaba ir a la estación, ya se hacía de noche y había que salir hacia Uyuni en una guagua muy básica, y muy barata la verdad, creo recordar que en torno a 1,50euros. El viaje duró 4 horas y media y esta vez no pasaron nada rapiditas… pensé que me moría del frio!!! Dios mío de mi vida, lo pienso y me entra tiritona. Llegamos a Uyuni, un pueblo pequeño, feo y pobre aunque siendo la antesala de la maravilla que íbamos a visitar, no nos importó en absoluto. Llegamos cerca de las 12 de la noche, y yo los ñoños ya no los sentía, buscamos hostal y sobre la marcha me di una ducha de agua caliente para entrar en calor y a la cama, prácticamente sin cenar ni nada.
A la mañana siguiente, domingo día 7, nos despertamos cuasicongelados, nos duchamos y nos forramos hasta las orejas, desayunamos, y salimos en busca de un tour de 2 días para visitar el salar de Uyuni. Lo encontramos, después de investigar y regatear (sobra decir que aquí se regatea por absolutamente todo). Nos subimos en nuestro 4x4 y nos adentramos en el salar. Los ojos como platos, impresionante, una mar de sal, parecía que estuviéramos en el polo norte con todo nevado, había veces que mirábamos el horizonte y no se veía tierra. El salar es un sitio maravilloso, aunque peligroso, muchas personas se han perdido durante varios días, nos contaron que unas semanas antes de llegar nosotros, un grupo estuvo 8 días perdidos en el salar por la falta de referencias y las gps, brújulas y demás aparatejos no funcionan allí entre otras cosas por la cantidad de litio que hay (una empresa japonesa se está encargando de explotar una parte del salar, sacando el litio) No es difícil perderse, son más de 10.000km2 de Salar, así que imagínense. Nuestro primer destino fue el volcán Tunupa, en medio del salar, donde almorzamos y nos quedamos a pasar la noche. La verdad que la experiencia fue toda una aventura, las habitaciones del “hotel” por llamarlo de alguna manera, eran de sal, las paredes, las camas, las mesas…. Era un lugar Hiperprecario, realmente era la casa de una familia, que había construido una zona con 5 habitaciones con un baño común con duchas de agua congelada, y un comedor común donde la señora de la casa nos servía la cena y el desayuno. Sólo les digo que las sábanas daban asco, sólo les digo que ni Ale se atrevió a rozarlas, cuando el se duerme en cualquier esquina… No he pasado más frío en mi vida que en ese lugar, me acosté con 3 camisetas (térmica, manga larga y la del pijama) y encima un polar y el chaquetón, en las patas me puse el pijama, un chándal y triple calcetín así que se pueden imaginar el pelete tremendo que hacía. A pesar de todo, salimos por la noche a pasear por el “pueblo” para ver el cielo, jamás he visto un cielo tan bonito en mi vida, lleniiiiiiiiiito de estrellas, obviamente distintas a las que estamos acostumbrados a ver desde casa, la noche, las estrellas… y el burro que apareció de la nada ( con el correspondiente susto) mientras observábamos el cielo, hicieron del lugar un momento increíble. Nos acostamos a las 9 de la noche, tempranito y con un silencio profundo, queríamos despertarnos antes de que saliera el sol, para ver el amanecer en medio del salar, lo conseguimos y fue de las mejores experiencias que he tenido en este viaje, precioso, impresionante… me faltan adjetivos que definan lo que sentí admirando el paisaje (aparte de un frío congelador, que solo con agarrar la cámara para sacar las fotos, me dolían los dedos de las manos y de los pies) Una experiencia 100% recomendable. Tras el amanecer desayunamos y nos dispusimos a subir el volcán, teníamos tiempo hasta las 12 que volverían a recogernos para seguir de ruta por el salar. Nos pusimos en marcha, quien dice marcha dice paso leeeento, acompasado y con una respiración rápida. “el hotel” estaba a 3700 metros, y el volcán a 5.400 aunque nosotros sólo llegamos hasta los 4000m, la subida fue dura, cansada y con sensación e falta de aire continua, la altura es lo que tiene… para los entendidos, solo les diré que mi saturación de oxigeno estaba en 75% con una frecuencia cardiaca de 120lpm, Ale tenía una saturación media de 80% y frecuencia de 110lpm (para el que no controle, la saturación normal para nosotros, jóvenes y deportistas (unos más que otros) es del 100% así que se pueden hacer una idea de las condiciones en las que estábamos. A pesar del esfuerzo y la sensación de falta de aire, a mi no se me quitaban las ganas de hablar, a lo que Ale, sin ánimo de ser grosero (o si, jeje) me respondía con monosílabos… jajaja la asfixiadera era considerable. Llegamos al mirador del volcán y visitamos unas momias que hay en el lugar, de hace taitantos años, que ya ves tu, las ganas que tenían que tener aquella gente, de ponerse a escalar aquel volcán… con lo agusto que iban a estar los muertos bajo tierra, pero bueno, cuestión de culturas.
Bajamos al pueblo de nuevo, unas vistas impresionantes del salar durante la bajada, he de decir que mucho mejor, y más liviana la bajada. Ya Ale iba cantando.
El salar de Uyuni
Recogimos las maletas, y nos dispusimos a esperar a nuestro guía que dijo que llegaría sobre las 12… pasaron la 1, las 2 y allí no aparecía nadie a buscarnos, nos dejaron botados, muertos de hambre desde las 7 de la mañana que habíamos desayunado, preocupados le preguntamos a la señora de la casa si sabía algo… nos dijo que no nos preocupáramos, a las 3 menos cuartos aparece un tipo, sin comida a recogernos, diciendo que le estaba haciendo un favor a nuestra empresa en venir a por nosotros, así que tras rechistar un poco por la hora y la falta de comida, nos fuimos con él, mucho mejor eso que quedarnos botados en medio de la nada, sin agua ni víveres… recorrimos otra parte del salar, la isla del pescado (una isla llena de cactus) bonita, y de vuelta a Uyuni, ( cabe destacar que el guía se medio perdió por el camino, yo ya tenía suficiente hambre y cabreo como para que encima el tipo ese se perdiera!! fuerte un inepto! ) nos quedamos bastante decepcionados con la empresa con la que habíamos contratado el tour, nos prometieron comidas, y visitas que no hicimos. Obviamente al llegar a Uyuni, emputados, aunque con mucha educación fuimos a quejarnos, eran las 7 de la tarde y nosotros sin almorzar, y además habíamos pagado por cosas que no habíamos visitado, así que fuimos a las oficinas a ver de qué manera se podría solucionar, la verdad que se portaron bien, nos devolvieron parte del dinero así que por lo menos, se preocuparon en compensarnos los fallos, resultó que todo fue culpa del conductor que nos recogió el segundo día, que hizo lo que le dio la gana. A pesar de todo, de los abandonos, de la falta de comida y del guía desorientado, la experiencia valió la pena, simplemente impresionante.
Una vez en el pueblo, fuimos a la estación de tren a por un billete hacia la Paz, nosotros íbamos cargaditos con nuestras maletas, tranquilos, con nuestros abrigos… cuando entramos en la estación me veo a todo el mundo con mantas, sacos de dormir, abrigos dignos del polo norte…. Cuando nos paramos a esperar al tren, lo entendí todo, estuvimos unas dos horas allí dentados, pensé que me moría del frio, lo del salar era irrisorio al lado del frío que hizo esa noche en la estación, yo no he pasado tanto frío en mi vida como en estos países TROPICALES, me cagüento!
Tras viajes de trenes y guaguas, llegamos a la Paz. La verdad que el centro de la ciudad tiene mejor pinta que las ciudades antes visitadas, tuvimos la sensación de más ciudad, edificios altos, casco antiguo, tiendas, locales, cines… nos quedamos 3 días. Visitamos el centro, la zona colonial, las avenidas principales, el valle de la luna… un lugar bonito, diferente, un recorrido de 45 min andando por zonas montañosas erosionadas por culpa del viento, aire y agua que hicieron un lugar pintoresco.
Aunque de toda la ciudad, lo que más nos impacto fue el hogar de niños Villegas, es un hogar de niños abandonados y huérfanos. Lo lleva la hermana María Titirico, amiga de Juana. En total tienen a 21 bebés, el más pequeño tenía 10 días. También tienen un hogar para 70 niñas a partir de los 7 hasta los 19 años, que tampoco tienen padres. Unas situaciones personales, de cada niño durísimas. Estuvimos conociendo el hogar, las diferentes estancias… conociendo a los bebés y niños pequeños, dándoles la merienda y jugando con ellos… el niño al que le di de merendar, tenía un año y medio y había llegado el día anterior, su madre lo había dejado solo frente a un garaje, abandonado, y la fiscalía lo había llevado al hogar. El niño era precioso, cariños, no extrañaba… parecía mentira que alguien pudiera haber hecho algo así. María nos contó casos muy difíciles y situaciones muy duras, Cuando nos dijo que las madres dejaban a los niños en el torno, tocaban a la puerta y se iban… con la palabra “torno” nos quedamos flipando, el hogar tiene uno, que da a la calle, donde las madres dejan a los bebés o niños de hasta 3 años, tocan al timbre y se van antes de que sean vistas, abandonando a sus hijos allí… parece mentira, abandonar a un hijo… María decía que menos mal que los dejaban allí, y no los mataban… hay que conocer la historia de cada familia, para tomar la decisión de dejar a un hijo allí… La visita fue muy bonita, como los cuidan, como los atienden… pero a la vez muy dura, ver esos niños que su gran suerte en la vida es que alguien los adopte, porque si no, vivirán de centro en centro hasta que tengo 19 años y ya los centros no se puedan hacer cargo de ello, y salgan a la calle. Desgraciadamente el gobierno de este país cerro los convenios y las posibilidades de adopciones internacionales, por lo que donde antes los niños no estaban más de 8 meses en el centro, porque eran adoptados con más facilidad, nos decía María que ahora los ven caminar… y eso antes no pasaba. Estuvimos algo más de 2 horas visitando el centro hablando con María, salimos de allí con el corazón en un puño, a los 5 minutos dimos la vuelta y le dejamos a María algo de dinero para que ella comprara lo que creyera necesario, comida, cunas, carritos, parques, ropa.. lo que fuera. Uno sabe que existen esas realidades, pero cuando las ve de primera mano, algo por dentro se desgarra. Que culpa tienen esos niños, y que vida tan dura les va a tocar vivir…
El torno que da a la calle en el hogar de niños abandonados
El viernes dejamos Bolivia, cogimos una guagua, “buscama”, comodísima, amplia, con baño, tele, mantas, comida… y también muy barata, por menos de 20 euros y viajamos como reyes!! Destino Puno, Perú. Comenzamos la última parte de nuestro viaje, esto va llegando a su fin! El sábado 13 estuvimos tranquilos, recuperándonos, descansando y conociendo la ciudad de Puno, que en si no es especialmente bonita, pero estar frente al lago Titicaca le da un plus, unas vistas maravillosas. Visitamos un cementerio del periodo Inca, curioso y unos paisajes impresionantes... Hoy llegamos de una excursión de dos días por el lago y las islas Amantení, Taquila y las islas Uros, éstas últimas son unas islas flotantas, hechas de totora, una especie de caña, viven en torno a 4-5 familias por islas, y cada año tienen que construirse una isla nueva, se nota que la visita estaba más que organizada para el turista, todo muy organizado, pero aun así, lo que vimos era real, su manera de vivir y los habitantes de la isla... realmente impactante. Ayer dormimos en una casa de una familia autóctona de la isla de Amantaní, una isla preciosa, rodeada por el lago Titicaca, unas vistas y unos paisajes... una puesta del sol, sin palabras, hermoso. Juan y María, fueron nuestros padres Amantenies, nos cuidaron mucho, sobre todo a Ale, que para variar, fue con diarrea.... ya es la 4º vez que le dan, aunque esta vez doy fe de que no ha comido cualquier cosa por la calle, nos hemos cuidado ( o no ser que lo hiciera a escondidas.. jejeje) así que no hemos localizado el lugar, bicho y comida causante de la última diarrea, de todos modos nuestra familia en la isla se encargó de hacerle hierbajes de "puño" y demás para que se le pasasen... la verdad que mejoró bastante, ya hoy esta bien, con apetito, así que no se preocupen. Acabamos de llegar al hostal, con unas ganas locas de meternos en la ducha, la verdad que la familia nos trató muy bien, pero en cuanto a higiene, dejaban mucho que desear, teníamos un mini Wc, en una casetita en medio del campo, en unas condiciones semi aceptables( teniendo en cuenta en dónde estabamos), pero de ducha o lavabos ni hablar... así que despues de caminatas, subir y bajar montañas en varias islas durante dos días, estabamos deseosos de un baño en condiciones! Ahora iremos a cenar y a la noche nos vamos a la estación que sale nuestra guagua (buscama, como no) dirección a Cuzco, allí estaremos varios días, conociendo la ciudad y el machupichu! hasta el sabado 20 que viajamos para Lima, último destino de nuestro viaje.
Siento no poner más fotos, pero estamos teniendo problemas con internet, además no cuelgo fotos del lago Titicaca, aún no las hemos descargado de la cámara, así que las colgaré en la próxima conexión!
Espero no tardar tanto en volver a escribir y contarles como nos va por estas tierras andinas…Familia, amigos, estamos muy bien, contentos y con ganas de seguir recorriendo y conociendo el país, así que no se nos preocupen, estamos bien y no hay más gusanos en la costa! Seguimos en contacto.
Besos y abrazos!!
Conejeros entrañables, amigos. Buscaba vuestra crónica desde hace unos días y me preguntaba en dónde estaríais . María, qué hermoso relato, qué impresionante vuestro viaje y vuestras vivencias: nos haces pasar frio en el Salar, sentimos el dolor de esos trabajadores de la mina, sufrimos con esa hipoxemia límite tuya y de Ale a los 4000 metros y nos estremeces con la descripción de esos pobres niños abandonados y huérfanos de La Paz.
ResponderEliminarEspero seguir leyendo sobre vuestro viaje, no para repetirlo algún día, porque veo que sólo es apto para gente joven y preparada, pero nos dejas con tantas ganas de saber muchas más cosas de esas tierras y gentes. Salud y buena suerte para el resto de la travesía, que como todo buen viaje, como el ideal viaje a Itaca que cantaba Lluis Llach, está lleno de aventuras y de conocimientos. Un abrazo.
Luis F. (Vigo)
Luis, siempre me sacas una sonrisa con tus palabras, gracias por leernos. Creo que una escribe también como terapia y desahogo de lo que se va viviendo aquí, pero saber que otros lo leen y lo comparten conmigo le da más sentido al relato.
ResponderEliminarYa nos va quedando menos, a penas una semana de viaje... pero espero no tardar tanto y volver a escribir a la vuelta del machupichu.
Espero que todo vaya bien! un abrazo fuerte.
Esos 10.000 km2 de sal ya son sal eh? y nosotros que creíamos que éramos los reyes del mambo con las salinas de Janubio. Y encima litio, al precio que deben andar ahora ciertos metales. Y luego el lago ese al que va el titi a hacer esas cosas, Titicaca creo que se llama, aunque la verdad es que pese al nombre tiene muy buena pinta y se le ve bastante ventilado, lo que siempre es una ventaja para ciertos momentos difíciles que hay en la vida. En fin, toda una aventura se están corriendo ustedes por ahí, disfruten de lo que les queda y un abrazo. JJ.
ResponderEliminarSolo estoy deseando entrar al blog para leer lo que pasará en el Machupichu que la palabrita también tiene su aquel, es como si estuviera siguiendo una novela por entregas pero claro no es novela es VERDAD con todo lo que esa palabra lleva aparejado,lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, lo inesperado y lo esperado y paro ya que me estoy poniendo profunda, les queremos, cuídense y hasta la próxima entrega un abrazo muuuuuuuuuy fuerte a los dos: Mamá
Si yo estando en un mundo desarrollado, con miles de comodidades tengo muchas historias que contar, lo que tu nos estás transmitiendo mediante estas historias no podía ser otra cosa que impresionante!! Ya todos sabemos que eres pura energía y salamería al hablar, pero eso también lo tienes al escribir.
ResponderEliminarEn unos 40 minutos que llevo leyendo tu blog he sentido atravesar la selva, se me ha puesto una expresión de indignación por la falta de recursos en ese país, he visto niños saltando de un balcón a una sábana huyendo del fuego o he imaginado ese torno maldito girando con un bebé dentro. Inclusive mientras leía como subían al volcán creo que hasta yo he sentido la falta de oxígeno, han sido tan precisas y llenas de energía tus palabras que con un poquito de mi imaginación he sentido por unos momentos estar viviendo esa aventura contigo.
Gracias por compartir tu historia y por hacerlo de esta forma tan enérgica. Sé por experiencia que no es fácil (después de estar de aquí para allá y de allá para acá) encontrar un tiempo para sentarse y escribir una crónica que transmita todo lo que estás viviendo, pero tu lo has hecho estupendamente.
Felicidades por lo que estás haciendo y también por todo lo que estás escribiendo, porque eso al fin y al cabo quedará para tí y para que se lo leas a tus hijos y nietos.
Espero algún día tener la posibilidad de vivir algo similar y poder entregar un poquito de mi a los demás.
Un fuerte beso para tí y un abrazo muy grande para Ale desde Sydney.
Jose